Y SI CAMBIAMOS EL MUNDO!!

El mundo esta loco, son tiempos oscuros pero tengo la esperanza de que el hombre sea capaz de cambiar lo malo y construir un nuevo mundo ¿Te atreves a ello?

La paz en Euskadi es posible (Maite, la historia de las otras victimas….) enero 12, 2011

Filed under: actualidad,opinion,politica — celialor @ 4:05 pm
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Hace unos meses escribí este post, y lo dejé sin publicar, quizás porque no era el momento, ahora con las noticias de los últimos días sobre ETA, su comunicado de alto el fuego y todo el circo mediático que se ha levantado, creo que no está de más publicarlo, quizás buscando una visión distinta del conflicto, y también porque creo que Lokarri y la Izquierda Abertzale han dado un paso hacía un camino democrático, alejado claramente de la sin razón de la violencia de ETA.

 

Personalmente el comunicado, me parece, insuficiente, pero admito que es un camino hacia delante que no debemos despreciar, por el bien de todos, que en estos momentos tenemos problemas comunes muy serios y para que para solucionarlos debemos mantener una unión fuerte sin disolvernos en situaciones que una vez solucionados los problemas de la mayoría de la población pueden solventarse de manera pacifica y democrática.

 

Aquí os dejo esta pequeña reflexión y una historia que bien podría ser el camino hacia la paz entre Euskadi y el resto del país, donde todos tengamos voz y aprendamos a escuchar la voz del otro.

 

 

 

Hay temas difíciles de plantear, porque de alguna manera mi objetividad queda un tanto limitada porque mi visión es en cierto modo desde la lejanía, uno de esos temas es el de ETA y la situación que se vive en Euskadi, pero en los últimos tiempos he ido observando, escuchando las voces de unos y otros e intentando hacerme con una visión más amplia del conflicto vasco. No voy a hacer un análisis sobre ello en este post, pero si quiero llamar la atención sobre algo que hasta hace poco pasaba para mi, como para la mayoría de la población desapercibido.

 

No justifico en absoluto a ETA, ya que la violencia con la que ETA pretende lograr , lo que se supone que es su razón de ser , la independencia de Euskal Herria, eso en pleno estado democrático debe conseguirse a través de los canales políticos y no con el miedo, la violencia y la muerte.

 

Apoyo sin dudar a las victimas, aquellas que han conseguido sobrevivir a un atentado terrorista
y que seguro vivirán con el miedo que la violencia les ha dejado inmerso en el alma, aquellos que han perdido a un ser querido, cuyo único pecado ha sido pensar distinto, en manos de asesinos que esgrimen la libertad como bandera y que para ello coartan la voz de otros con violencia. Entiendo el dolor y la rabia, y la necesidad de justicia que tienen, y creo que toda negociación de paz debe conllevar implícito el castigo de aquellos que han sesgado vidas y roto familias de forma violenta, lo siento pero toda acción conlleva una consecuencia y aquellos que realizan una acción violenta debe ser conscientes de que esta tendrá su castigo.

 

Pero en este conflicto hay otro protagonista, otras victimas, anónimas, silenciosas. De las que no se habla, que se olvidan, que también sufren y de las que honestamente no podemos ni debemos olvidarnos… Me refiero a las familias, y especialmente a esas madres que ven como sus hijos se alejan de ellas para abrazar el terrorismo, que se preguntan que habrán hecho mal y que en muchísimas ocasiones se ven viviendo en la agonía de no saber nada de sus hijos, y el temor constante de saber que cuando tengan noticias de ellos no será por una foto familiar ni por que vengan a enseñarle a sus nietos, sino porque estarán presos e incluso muertos .

Creo necesario no olvidarnos de ellas, de su dolor, de su pena, porque si buscando justicia nos volvemos insensibles al dolor de otros, entonces no somos mejores que los violentos. Esta historia podría ser la de cualquier madre de Euskadi cuyo hijo haya escogido el camino de la violencia para sus reivindicaciones….

 

Maite se peinaba cuidadosamente frente al espejo, a sus 75 años todavía tenía aquella belleza especial que había encandilado en su juventud a medio pueblo, era una fuerte y vigorosa mujer vasca, orgullosa de su pueblo, amable y cariñosa aunque ahora pasados los años su salud iba mermando y sus hermosos ojos azules, antaño brillantes y alegres habían perdido hace años ese brillo especial.

Maite había tenido una vida dura, junto con el que fuera su marido Joseba, que ya no estaba a su lado, una enfermedad se lo había llevado hacía ya 3 años, ambos trabajaron duro para poder salir adelante en una época en la que su cultura vasca había estado perseguida por la dictadura, y donde la pobreza y la lucha diaria habían sido el día a día en sus vidas.

 

Maite y Joseba habían formado una hermosa familia, junto con sus tres hijos Gaizka, Josu y Maite, a los que habían educado en libertad y enseñado a amar a su pueblo y su cultura.

Los hijos habían crecido y tomado sus caminos, formado sus familias, menos Gaizka.

¡ Ay, Gaizka, mi Gaizka…!, pensaba Maite mientras acababa de arreglarse, quería estar bien, hoy para ella era un día feliz, sus ojos hoy tenían un poco de aquel brillo de antaño.

Gaizka – pensó y una tenue sonrisa asomo en su rostro.

 

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El viaje era largo, unas 6 horas en tren, sus huesos cansados le dolían, pero Maite sonreía y mientras el suave traqueteo del tren lo llenaba todo, ella recordaba momentos pasados……

 

Gaizka era el mayor de sus tres hijos, impetuoso y reivindicativo, ya desde crío había sido un desafío, a medida que había ido creciendo se hizo más rebelde, largas discusiones habían acompañado su adolescencia, Maite había visto como su niño se convertía en hombre y con cierto temor observado como siempre se metía en líos, pero sus gamberradas siempre conllevaban un motivo, su reivindicación máxima, el que su amada Euskal Herria fuera independiente, a medida que había ido creciendo se fue rodeando de personas que a Maite le preocupaban, demasiado fuego juvenil para luchar por un ideal, pensaba; pero Maite quiso que sus hijos tomaran sus propias decisiones, y no se inmiscuyo en el camino de Gaizka.

Muchas veces en los últimos años había pensado que quizás hubiese debido frenar aquel odio cada vez más incontrolable que Gaizka mostraba hacía el Estado español, quizás si lo hubiera hecho las cosas habrían sido distintas.

 

Mientras el tren continuaba su camino , Maite recordaba con tristeza aquella última llamada de Gaizka, hacía ya 7 años….

 

  • Hola Mama
  • Gaizka hijo, quedaste de venir a comer el Domingo y ni siquiera te has molestado en avisar que no venías.
  • Ya sabes Mama que mis asuntos son importantes…
  • Pero hijo, esos asuntos tuyos incluyen disgustar a tus aitas..
  • Mama hay cosas que no puedo contarte, no las entenderías, disgustaros es un daño mínimo..

Maite recordó el dolor que sintió cuando escuchó aquellas palabras, su niño se había convertido en un hombre y ahora se alejaba de ella tan deprisa… Y esos asuntos suyos, Maite callaba pero sospechaba que su hijo estaba metido en algo muy serio, pero no quería creérselo, su Gaizka, era su niño no podía haber decidido seguir aquel camino…

      • Mama solo llamaba para decirte que lo siento y que a pesar de que no te lo creas sigo queriéndote, eres mi madre y eso no cambiará.
      • No te entiendo Gaizka que quieres decir con eso.
      • Mañana lo sabrás, debo despedirme tengo que marcharme, no se cuando volveré.
      • Gaizka me estas asustando….
      • Agur mama, tengo que colgar.

El corazón de Maite se encogió tras aquella conversación, algo malo iba a pasar y ella no podía hacer nada.

El día siguiente fue para Maite uno de los peores de su vida, había amanecido gris y lluvioso, cuando escuchaba la radio se enteró de la terrible noticia, “ Carlos el hijo pequeño de su mejor amiga María había muerto asesinado por dos etarras que lo esperaban a la puerta de su casa, y le habían pegado un tiro. El corazón le dió un vuelco, – Gaizka, no eso no – pensó.

Carlos había sido como un hijo para ella, ambas familias disfrutaran antaño de largas jornadas juntas, en las que la risa había sido la tónica general, y ahora estaba muerto…

 

Salió corriendo, atravesó la calle y llamo a la puerta de su amiga, allí estaba María sentada en un sillón con los ojos perdidos llenos de dolor. Maite se acercó a ella y la abrazó; en ese momento en la televisión salían las fotos de los asesinos y de dos etarras más que pertenecían supuestamente al mismo grupo que había planeado el atentado, y uno de esos dos era…

¡ No podía o no quería creerlo ! – Gaizka –

María despertó de repente de su letargo y gritó a Maite

  • ¡ Que le hemos hecho a tu hijo ??, porque Maite, porqué???

    De repente todo el mundo se volvió hacía Maite, y la increpó, era la madre del etarra, le gritaron, la echaron literalmente del lado de María, pero lo que más le dolió a Maite, fue aquella mirada de María, aquella rabia, aquel dolor.

  • Maite se fue a su casa, cabizbaja, dolida, triste, aquel día María había perdido a su hijo, ella
  • lloraba su muerte y la perdida de su hijo Gaizka, en la seguridad de que tardaría mucho en volver a tener noticias de él.
  • Maite no pudo asistir al funeral de Carlos, no pudo acompañar a su amiga, a partir de aquel día María no volvió a hablarle, y en el pueblo muchos les señalaban, y Maite perdió el brillo de sus ojos, su alma rota en mil pedazos aprendió a vivir humillada, en cierto modo llegó a sentirse culpable, algo muy mal habían echo para que aquello sucediese.

Pero hoy casi 7 años después, su Gaizka había aparecido, lo habían apresado en la frontera y estaba en Madrid en la cárcel en espera de juicio, Maite a pesar de sus dolores óseos no se lo pensó dos veces, debía correr a ver a su niño, debía saber de él, tenía tantas ganas de abrazarlo, de ver que estaba bien….

 

La entrada de la cárcel estaba llena de familiares que iban a visitar a los presos, al fin le tocó a Maite, hoy no podría abrazar a su niño, pero después de tanto tiempo el mero hecho de poder verlo y hablar con él era suficiente para ella.

Los nervios le atenazaban, pero al fin pudo entrar, allí tras la cristalera estaba Gaizka, más delgado, sin afeitar y con ojeras pero estaba vivo y al fin lo había encontrado.

  • Mama… dijo Gaizka
  • No hijo de eso ya hablaremos, pero ahora deja que te vea, mi niño cuanto tiempo, demasiado tiempo…
  • Y el aitá??
  • Nos dejo hace tres años Gaizka, no pudo superarlo, siempre fuiste su favorito. No pudimos encontrarte para avisarte..
  • Los ojos de Gaizka se entristecieron.

El resto del tiempo Maite, fue como cualquier madre, que delgado estás, te tratan bien ??.

Hablaron y hablaron sobre mil cosas, sobre sus hermanos, sobre su pueblo sus vidas…

No hubo reproches, no pidió explicaciones sabedora de que cuando Gaizka estuviese preparado el le daría las explicaciones que considerase oportunas.

La hora paso rápido, demasiado rápido pensó Maite, pero se sentía feliz, sabía que a la semana siguiente volvería a verlo, aunque así de alguna manera lo había recobrado y eso la hacía sentirse más ligera, más optimista a pesar de la situación de Gaizka, lo había recobrado.

El tren viajaba ligero, Maite sonreía feliz y sus ojos brillaban de nuevo, al fin había encontrado a su hijo y ya nada podría hacerla sentirse desdichada.

 

El final de esta historia puede ser el de una Maite que vuelve a casa y allí sus vecinos continúan marginando la, por algo que ella no ha hecho, ella cuya única culpa es la de ser la madre de Gaizka, ella que ha llorado en soledad durante mucho tiempo la ausencia del hijo, y ella que también ha llorado por el hijo de su amiga María, ella no es culpable pero le acusan con su desprecio con su mirada…

Pero yo prefiero otro final, un final que no es sino el principio de un nuevo camino de paz, de conciliación, de respeto, este es mi final:

 

El tren llegó a la estación, Maite suspiró había estado pensando en María, en su dolor, ella había recobrado a su hijo, pero Carlos no volvería nunca más, el dolor de María jamás dejaría de existir, y Maite sabía muy bien como era ese dolor, suspiró nuevamente mientras bajaba del tren.

  • Maite – oyó una voz que la llamaba
  • Esa voz, tan querida que hacía tanto tiempo que no pronunciaba su nombre
  • María! – dijo sorprendida y preocupada, hoy no amiga, pensó, entiendo tu dolor pero dejame disfrutar un segundo de mi dicha.
  • Maite, amiga mía, ¿como esta Gaizka?, dijo María
  • María, bien muy delgado, pero bien ¿..?
  • Mira Maite, se que estos años he estado alejada de ti, se que te he hecho el vacío, mi dolor era tan grande que no caí en la cuenta de que tú, al igual que yo perdiste no a un hijo sino a dos, Mi Carlos, tú lo querías como a un hijo, y te privamos de poder despedirlo a nuestro lado, y tú Gaizka que también fue como un hijo para mi. Pero cuando me enteré de que habían apresado a Gaizka, me dí cuenta de lo absurdo de nuestro distanciamiento, me dí cuenta de tu dolor y de que con el odio no llegaremos a ningún lado, después de todo ha sido el odio el culpable de nuestro dolor, amiga mía ven a mi lado y recobremos el tiempo en paz, y juntas.

Y así Maite y María se abrazaron y se fueron juntas con una sonrisa en sus rostros, la sonrisa de la esperanza, la sonrisa del camino de la paz, y la tranquilidad en sus rostros, mientras recobraban el tiempo perdido.

Hoy Euskal Herria al fin había encontrado la paz, y la encontrara el día en que el rencor y el odio dejen camino a la tolerancia, la libertad y la paz.

     

 

Y hasta aquí este pequeño relato, me he emocionado al releerlo y es que como madre se entiende el dolor de María y Maite, Euskadi se merece otro camino, España se merece otra historia, todos nos merecemos la oportunidad de vivir en paz y armonía a pesar de nuestras diferencias, la pelota está en el tejado de aquellos que tienen la oportunidad de velar por la paz de todos, esperemos que sepan aprovechar la oportunidad.

 

3 Responses to “La paz en Euskadi es posible (Maite, la historia de las otras victimas….)”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Hace unos meses escribí este post, y lo dejé sin publicar, quizás porque no era el momento, ahora con las noticias de los últimos días sobre ETA, su comunicado de alto el fuego y todo el circo mediático que se ha levantado, c…..

  2. Rauxa Says:

    Tus reflexiones se me hacen familiares y en cierta manera compartidas. Cada vez que veo en televisión las caras de los etarras, muchos de ellos jovencísimos, pienso lo mismo… Estos muchachos también tienen madre. También tienen familia que los quiere y los echa de menos, gente normal como nosotros que se pregunta… como ha sucedido, que hemos hecho mal ??
    Incluso a veces, pienso que de vivir en Euskadi podría haberme pasado a mí y siento un gran alivio a la vez que tristeza por estas otras víctimas, que también lo son, aunque a menudo lo olvidemos.
    Un beso

    • celialor Says:

      Pues si Cristina, te confieso que al releerlo me calleron las lagrimas pensando en como me sentiría si se tratase de mis hijos, se ha alimentado tanto el odio por uno y otro lado que se olvida lo importante, las personas y los sentimientos…
      Bicos.


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